La diabetes puede reducir la sensibilidad de los pies y afectar a la circulación. Esa combinación explica por qué una rozadura pequeña, que en otra persona sería una molestia de un día, aquí puede pasar desapercibida y complicarse. Por eso el cuidado del pie diabético se apoya en algo muy sencillo: revisar a diario y actuar pronto.
La rutina diaria
- Mira los pies todos los días. Planta, talón, empeine y entre los dedos. Si te cuesta ver la planta, usa un espejo o pide ayuda.
- Lava con agua templada y comprueba la temperatura con la mano o el codo, no con el pie: si la sensibilidad está alterada, no es un buen termómetro.
- Seca bien, sobre todo entre los dedos. La humedad que queda ahí es donde empiezan muchos problemas de piel.
- Hidrata la planta y el dorso, pero no entre los dedos.
- Corta las uñas rectas y lima el borde. Sin apurar las esquinas.
- Nunca uses callicidas, cuchillas ni limas metálicas agresivas por tu cuenta. Las durezas se tratan en consulta.
El calzado y los calcetines
El calzado es el factor que más lesiones provoca y el más fácil de corregir:
- Revisa el interior del zapato con la mano antes de ponértelo: una costura suelta o una piedrecita bastan para causar una úlcera.
- Elige zapatos que no aprieten en la puntera y estrena poco a poco, no un día entero.
- Evita caminar descalzo, también en casa y en la playa.
- Usa calcetines sin costuras marcadas y sin goma que apriete; cámbialos a diario.
Cuándo pedir cita sin esperar
Con diabetes, la regla cambia: no se espera a que duela, porque puede no doler. Conviene consultar cuanto antes si aparece:
- Una herida, ampolla, grieta o rozadura, por pequeña que sea.
- Un cambio de color en la piel o en una uña.
- Hinchazón, calor o enrojecimiento en una zona.
- Hormigueo, quemazón o pérdida de sensibilidad.
- Una dureza que crece o que tiene un punto oscuro debajo.
Qué aporta la revisión periódica
La consulta de pie diabético sirve para valorar la sensibilidad y el estado de la piel y las uñas, tratar durezas y callosidades sin riesgo, revisar el calzado y detectar puntos de presión antes de que se conviertan en una lesión. Cuando la descarga de presión es parte del problema, a veces se plantean unas plantillas personalizadas para repartir mejor el apoyo.
La frecuencia de las revisiones depende de cada persona. Lo habitual es acordarla en la primera visita, según lo que se encuentre.
